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El mismo conflicto otra vez: pregunta por la escena, no por la causa

5 de agosto de 2026

Es la tercera vez que te cuenta el mismo conflicto. Cambian los nombres —el socio, el hermano, el jefe anterior—, pero la escena es idéntica: alguien lo bloquea, él empuja, todo termina igual. Y ya recorrieron juntos la genealogía completa: el padre exigente, la escuela, el negocio familiar. La explicación causal está terminada y no ha movido nada.

Quien acompaña personas conoce bien ese punto muerto. Se entiende todo y no cambia nada.

Cambiar la pregunta antes que la respuesta

El tomo que la colección Comprende la Psicología dedica a James Hillman plantea un desplazamiento que suena menor y no lo es: dejar de preguntar por la causa y empezar a preguntar por el patrón. En vez de preguntar qué me hizo así, la pregunta pasa a ser «¿Qué modelo estoy poniendo en el escenario?».

No es un juego retórico. Es un cambio de aparato. La primera pregunta busca un origen: algo que ocurrió y que ya nadie puede tocar. La segunda busca una forma: qué guion se está representando ahora mismo, en esta conversación, con estos personajes.

Afrontar las cosas así es, según el tomo, reconducir el malestar a su fondo arquetípico de origen. No explicar el síntoma por su historia particular, sino reconocerlo contra un patrón más viejo que la biografía de quien lo sufre.

Los arquetipos no se definen, se muestran

Conviene bajar una expectativa de entrada. El tomo sostiene que Hillman se resiste a definir los arquetipos y que esa resistencia forma parte del concepto: «Son más metáforas que objetos». Si se los quiere definir de todos modos, el tomo los presenta como los patrones más hondos desde los que funciona la psique: raíces y ángulos de visión, no piezas de un inventario.

De ahí que reaparezcan bajo otros nombres en la historiografía, la antropología o la crítica literaria. Circulan «como un río cárstico que fluye escondiéndose de la vista, pero modificando radicalmente el paisaje que atraviesa».

Y el caso mayor de patrón no reconocido está, según el tomo, dentro de la propia psicología: «Estamos tan enamorados de la actitud heroica que lo hemos llamado yo». Lo que llamamos yo sería un modelo más —el héroe— ascendido a centro. Un papel entre muchos, tratado como si fuera la persona entera.

El tomo añade, de la genealogía que Hillman se construye para sí, que el interior humano solo se puede describir en plural. Si eso se toma en serio, no hay un capitán único al que poner en orden.

Nosotros lo trasladamos así al trabajo con directivos, y es lectura nuestra, no del tomo: el modo héroe permanente —todo es batalla, todo es escalada, todo se resuelve empujando más— deja de leerse como rasgo de carácter y pasa a leerse como papel. Y un papel se puede soltar sin dejar de ser uno mismo.

El mito como catálogo: reevaluar en lugar de curar

La parte operativa del método es el uso del mito como banco de patrones. El tomo plantea que las patologías son necesarias e inevitables, y que no hay por qué leerlas en clave de enfermedad ni de pecado. Y llega a una formulación tajante: «el alma puede estar sin terapeutas, pero no puede estar sin síntomas».

De ahí la observación que ordena el método: los griegos no tuvieron una psicología de lo profundo, tuvieron mitología. El relato mítico da el telón de fondo donde reconocer semejanzas de comportamiento; en palabras del tomo, «el mito se convierte en un catálogo».

El efecto es despersonalizador, y ahí está su rendimiento. Reconocer el propio conflicto en un patrón antiguo le quita al episodio su carácter de avería privada: «nuestro problema no es solo nuestro». El tomo pone el ejemplo de un conflicto entre padre e hijo leído contra el mito de Cronos, que así se vuelve inevitable y, por eso mismo, algo con lo que se puede convivir.

Esa lectura fija además las expectativas de cualquier proceso, en una sola línea: «No nos curamos. Reevaluamos».

El acceso a ese catálogo no exige formación clínica. El principio, que el tomo recoge de una conferencia de 1973, es que para aprender psicología «basta con leer libros de manera psicológica». Un mito, una novela, la historia de una empresa: cualquier texto sirve si se le hacen las preguntas del alma.

Cinco cosas que este método no dice

  • Los arquetipos no son un test de personalidad. Convertirlos en etiquetas fijas contradice al propio corpus, que insiste en que eluden toda definición. Un catálogo cerrado es justo lo contrario de una metáfora.
  • «No nos curamos» no es una prescripción clínica. Describe una perspectiva sobre el cambio, no un consejo de abandonar un tratamiento. El tomo no ofrece criterios para distinguir cuándo un síntoma exige intervención urgente además de lectura.
  • Leer el síntoma no es celebrarlo. Darle lugar a lo que duele no equivale a romantizarlo. Ese deslizamiento sirve casi siempre para justificar la inacción.
  • Destronar al yo heroico no es disolver el yo. Rebajar el ego a un patrón entre muchos no cancela la agencia ni la responsabilidad personal. Conviene además no leer aquí una ruptura limpia con Jung: el tomo presenta la posición junguiana de forma escolar.
  • La genealogía no es historia de la filosofía. Plotino, Ficino y Vico llegan filtrados dos veces —por Hillman y por la divulgación— y son relecturas interesadas. El propio tomo admite que, al exponer a Ficino, Hillman termina hablando por boca suya, y reconoce que esa genealogía no es filológica.

Qué hacemos con esto en el acompañamiento

Lo que sigue es traslado nuestro, no contenido del tomo.

En el trabajo con una persona. Cuando la pregunta causal se agota, cambia de eje: no ¿de dónde viene esto?, sino ¿qué escena estás montando y qué papel te toca en ella?. Y fija expectativas desde el principio. El objetivo no siempre es que el patrón desaparezca; muchas veces es reconocerlo lo bastante pronto como para no quedar atrapado dentro.

En la conducción de equipos. Nombra los guiones que gobiernan la cultura sin convertirlos en diagnósticos. El héroe que no delega porque nadie sostiene la batalla como él. El salvador que necesita a alguien hundiéndose. Nombrar el papel abre una conversación que el reproche de conducta cierra.

En la formación. La lectura psicológica es un ejercicio barato: toma un relato —mítico, literario, familiar, empresarial— y trabájalo con preguntas del alma en vez de con teoría clínica. En empresa familiar rinde bien, porque reconocer un patrón generacional antiguo baja la temperatura de un conflicto que, contado en primera persona, solo produce culpa.

Queda un uso de fondo, útil cuando alguien se exige coherencia total: si el interior solo se describe en plural, la exigencia de ser una sola cosa sin fisuras es una demanda imposible. No hay un capitán al que poner en orden. Hay un reparto.

Acompañar no siempre es explicar mejor. A veces es dejar de buscar la causa y ponerse a mirar la escena.

Fuente: Comprende la Psicología (Salvat, 2017; textos de Anna Giardini, Ilaria Baiardini, Barbara Cacciola, Marina Maffoni, Laura Ranzini y Francesca Sicuro), tomo dedicado a James Hillman. Es una obra de divulgación sobre el autor, no obra primaria: lo que aquí se atribuye a James Hillman es lo que el tomo le atribuye. Los traslados al acompañamiento, al liderazgo y a la organización son aplicación propia del Instituto Gnozin, no contenido del tomo. Esta pieza es material de divulgación, no orientación clínica: no diagnostica, no sustituye una consulta profesional y no reemplaza una evaluación de salud mental.

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