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¿Ese deseo es tuyo o de tu ambiente?

16 de agosto de 2026

Te pone sus metas a cinco años sobre la mesa. La expansión a otra ciudad, la certificación, la casa más grande. Y cuando le preguntas por qué esa meta y no otra, se queda callado y contesta: «Es lo que sigue, ¿no?»

No mintió. Es lo que sigue —en su gremio, en su familia, entre la gente con la que come—. Lo que nunca examinó es si eso que sigue lo quiere él.

Hay un sótano que no es solo tuyo

El tomo que la colección Comprende la Psicología dedica a Erich Fromm arranca por una idea obvia hasta que la aplicas: toda teoría es hija de su cultura, y el psicoanálisis no es la excepción. Su contexto, dice el tomo, «ha modelado su enfoque exquisitamente "burgués"», porque «Cada sistema cultural es, a su manera, hijo de su tiempo».

De ahí sale el concepto. Frente a un inconsciente hecho solo de historia personal, el tomo señala que «Fromm concibe un inconsciente social, caracterizado y determinado por la sociedad misma, protagonista activa», que reprime «experiencias y emociones que están en contradicción con el sistema de valores dominante en la sociedad».

Sin el vocabulario técnico queda esto: no todo lo que no ves de ti está guardado en tu infancia; una parte está en el acuerdo tácito del lugar donde vives hoy. Hay cosas que en tu casa o en tu gremio no se sienten. No es que estén prohibidas: es que no llegan a formularse.

Cómo llega ahí un deseo que no elegiste

El presupuesto, que el tomo no suaviza, es este: «Es el contexto sociocultural, no solo una base biológicamente preestablecida, lo que "hace" al hombre». Y el mecanismo es de clasificación: el inconsciente, según el tomo, «actúa al etiquetar como no aceptables ciertos comportamientos, que de ese modo destina a la eliminación, y otros como más aceptables, destinados a la consciencia plena». Corre antes de que decidas: cuando llegas a elegir, la lista ya viene depurada. Por eso no se siente como censura, sino como evidencia.

De ahí la afirmación que da vértigo: el individuo, dice el tomo, «en el momento en el que satisface sus deseos y sus pulsiones, no hace nada más que realizar los deseos y las aspiraciones del contexto social».

El tomo llega a decir que «la biografía de cada uno está escrita por la estructura de la sociedad existente». Leída sola es una coartada: si todo lo escribe la sociedad, nadie responde de nada. Por eso va pegada a su contrapeso: la salida que el tomo enuncia está en afirmar lo que cada quien tiene de único con «la razón, el amor, la libertad y la conciencia de sí mismo», y la felicidad es posible «cuando la sociedad se adapte a las necesidades del hombre, y no al revés». Juntas no describen un destino, sino una corriente, contada por alguien que sostiene que se puede nadar.

La pregunta que lo vuelve utilizable

Todo lo anterior cabe en una pregunta corta, y la redacción es nuestra, no del tomo: ¿este deseo es mío o de mi ambiente?

No exige saber psicoanálisis y no se contesta con un sí o un no. Se contesta con una segunda: ¿qué me pasaría en mi medio si dejara de querer esto? Si la respuesta es nada, el deseo probablemente es tuyo. Si es que perderías tu lugar, todavía no lo sabes.

El mito que este material lee al revés

La demostración del tomo es una relectura de Edipo. La versión heredada lo cuenta como un drama sexual; apoyándose en El lenguaje olvidado, el tomo sostiene que «no los deseos sexuales, sino [...] la postura ante las autoridades, se considera el tema central del mito».

En esa lectura, el vínculo con la madre pasa a ser «un vínculo de apego» sin componente sexual —«La madre ama de modo incondicional al hijo»—, y el conflicto pasa a ser «la rebelión del hijo contra la autoridad del padre, en el contexto de la familia patriarcal».

El desplazamiento importa, y desde aquí la lectura es nuestra: un drama que se creía privado se vuelve aprendizaje social. La primera autoridad con la que te mediste te dejó un molde, y ese molde se aplica después a cada jefe, cada socio y cada institución. No porque se parezcan. Porque el molde ya estaba puesto.

Discrepar sin matar al maestro

Hay algo más aprovechable, y no está en la crítica sino en cómo está hecha. Entre los frentes que el tomo enumera, dos importan aquí: la separación entre mente y cuerpo deja fuera «la relación del individuo con el mundo, y, todavía más, con la sociedad»; la mente organizada en jerarquías replica «la estructura social burguesa [...] una minoría ejerce el control sobre una mayoría». Y aun así registra que Fromm le reconoce a Freud «méritos innegables» y le tiene «el máximo respeto».

Eso es un método, y escasea: reconocer el mérito, señalar el límite, quedarse con lo que sirve. Ni parricidio ni sumisión. Si el tema de fondo era la autoridad, aquí está su forma adulta.

Cinco cosas que este material no dice

  • No es un retrato fiel de Freud, ni un llamado al relativismo. Es la crítica de Fromm mediada por un tomo de divulgación, y ese mismo tomo le sostiene al maestro «méritos innegables»: da por bueno que acertó en lo esencial del inconsciente.
  • Esto no es la opinión pública. No es lo que la gente dice en voz alta, sino lo que en un medio ni se piensa. Opera reprimiendo, no opinando.
  • La frase sobre la biografía escrita por la sociedad nunca va sola. Aislada de su contrapeso deja de describir una presión y empieza a justificar cualquier cosa.
  • La relectura de Edipo no es una refutación probada de Freud. Y patriarcal, ahí, se usa en sentido histórico-estructural, sin los debates de hoy.
  • No hay procedimiento. El tomo no explica cómo se investiga: solo pide «indagar en esta zona de sombras». Cualquier método que uses —incluido el de abajo— es tuyo, no suyo.

Qué hacemos con esto en el acompañamiento

Lo que sigue es traslado nuestro, no contenido del tomo.

Pasa las metas por la pregunta antes de planearlas. Ante una meta de facturación o de estatus: ¿esto lo quieres tú, o estás cumpliendo lo que en tu medio se espera? La planeación es cara; llegar a una meta ajena, más.

Haz el inventario de lo indecible. En un equipo o en un consejo, pregunta qué no se puede decir ahí: que no está yendo bien, que alguien está agotado. Ese listado señala dónde opera el filtro compartido.

Lee los conflictos de autoridad como una serie, no como episodios sueltos. Cuando alguien lleva tres jefes con el mismo choque, el dato no está en los jefes. Y se señala sin una sola palabra técnica: esto ya lo viviste antes, ¿con quién fue la primera vez?

Queda el uso que más cuesta, y nos toca a nosotros. Si toda teoría es hija de su tiempo, las nuestras también: arrastran lo que su cultura daba por evidente. Preguntarle a un método de qué sociedad es hijo no lo debilita; es la única manera de usarlo sabiendo qué trae puesto.

Fuente: Comprende la Psicología (Salvat, 2017; textos de Anna Giardini, Ilaria Baiardini, Barbara Cacciola, Marina Maffoni, Laura Ranzini y Francesca Sicuro), tomo dedicado a Erich Fromm. Es una obra de divulgación sobre el autor, no obra primaria: lo que aquí se atribuye a Erich Fromm es lo que el tomo le atribuye. Los traslados al acompañamiento, al liderazgo y a la organización son aplicación propia del Instituto Gnozin, no contenido del tomo. Esta pieza es material de divulgación, no orientación clínica: no diagnostica, no sustituye una consulta profesional y no reemplaza una evaluación de salud mental.

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