Quitaste el problema y quedó un hueco con su forma
13 de agosto de 2026
13 de agosto de 2026
Vendió. Después de once años de aguantar la empresa que lo tenía secuestrado, firmó, cobró y se fue. Todos lo felicitaron. Y tres meses después no sabe qué hacer con los lunes, no le encuentra el gusto a nada y se siente ingrato por no estar disfrutando lo que tanto le costó.
Es de los momentos donde más se falla acompañando, porque la lógica dice que el problema ya se resolvió. Quitar el problema y devolver la vida no son la misma operación.
El tomo que la colección Comprende la Psicología dedica a Oliver Sacks apoya el tema en una distinción tajante: «La sanación no es fruto del cálculo. Es el regreso del ser al lugar que le pertenece».
El material del que sale es el de Despertares: pacientes postencefálicos que tras décadas de inmovilidad reciben L-Dopa y despiertan. El tomo describe lo que ocurre como «una lucha entre un yo inauténtico, el de la enfermedad, y otro auténtico, que finalmente se recupera». Curar remite síntomas. Sanar es otra cosa, y no ocurre sola.
La imagen central del tema es la que da título a esta pieza. Erradicar la enfermedad no cierra el proceso, porque deja «un vacío» que «posee una forma especial, la forma que tenía la enfermedad». Once años organizando la vida alrededor de una empresa dejan un hueco con la forma exacta de esa empresa. Y no se llena con vacaciones.
El tomo explica antes de qué está hecha la expectativa. Bajo la medicina racional y basada en datos persiste, dice, «algo más arcaico y profundo formado por rituales, supersticiones, creencias, mitos». El medicamento responde «a una necesidad metafísica, al deseo de una mejor condición existencial», y por eso «los nuevos medicamentos se reciben y se aclaman como milagros».
Ese es el mecanismo del ciclo entusiasmo-desencanto: cuanto más se espera que un remedio externo devuelva un estado original perdido, más seguro está el desencanto. Y no aplica solo a fármacos. Aplica a metodologías, a herramientas, a consultores.
El tomo señala que la medicina mecanicista reduce la realidad «a una oposición maniquea entre la enfermedad y la salud», y que cuando el fármaco desborda sus leyes, se escuda en los efectos secundarios: un recurso que califica de «precipitado e inaceptable» y del que dice que «conviene prescindir».
Con la L-Dopa el resultado fue una escalada: baja la tolerancia, suben las dosis, y «se crea un círculo vicioso de la adicción». Un funambulismo entre dos extremos.
La lección de fondo es de sistemas: una sola palanca no puede gobernar un fenómeno multidimensional, y nombrar «efecto secundario» lo que no se entiende clausura la pregunta en vez de responderla.
Los pacientes reciben el mismo milagro y terminan de maneras opuestas. Rose R. queda detenida en 1926 y recae. Leonard L. asciende y se despeña. Magda B. se reconcilia con lo real canalizando su energía en el afecto y los lazos familiares.
Lo que el tomo identifica como diferencia no es químico. Tras el despertar hace falta «asumir un compromiso aceptable, asentarse», porque el ser «no puede encontrarse a sí mismo si carece de un "lugar" en el que asentarse». Y el motor no es el fármaco sino el eros, «la fuerza primordial» que «se abre paso en la cura y mueve al ser».
Lugar, vínculos y reconciliación con el tiempo transcurrido. Esa es la lista, y ninguna de las tres se receta.
Lo que sigue es traslado nuestro, y el propio material obliga a declararlo: llevar «círculo vicioso de la adicción» o «regreso del ser» a metáforas de gestión es analogía, no clínica.
Planea el vacío antes de quitar el problema. Antes de una venta, una salida o un relevo, la pregunta útil no es qué se resuelve sino qué queda hueco: cuántas horas, qué identidad, qué conversaciones diarias, qué motivo para levantarse. Y con qué se van a llenar. Hacerlo después es tarde, porque para entonces la persona ya interpreta su malestar como ingratitud.
Las tres variables son lugar, vínculos y tiempo. Dónde va a estar, con quién, y aceptar que los años pasaron y el mundo se movió. Un plan de transición que solo contempla dinero contempla la parte fácil.
Desconfía de la palanca única. En una organización, igual que en la escalada de dosis: si la única herramienta es subir o bajar una variable —presión, presupuesto, incentivo— y los costes se despachan como colaterales, el sistema va camino de su propio círculo vicioso.
Y gestiona el hype como lo que es. Cuando un equipo recibe una metodología nueva como salvación, ahí está operando la necesidad metafísica. Vale la pena bajar la expectativa a propósito, no por pesimismo, sino porque el desencanto ya viene incluido en el entusiasmo.
Resolver el problema es la parte que se puede calcular. La otra parte —volver a habitar la vida— pide lugar, gente y tiempo. Conviene decirlo antes, y no cuando el otro ya se está preguntando qué le pasa.
Fuente: Comprende la Psicología (Salvat, 2017; textos de Anna Giardini, Ilaria Baiardini, Barbara Cacciola, Marina Maffoni, Laura Ranzini y Francesca Sicuro), tomo dedicado a Oliver Sacks. Es una obra de divulgación sobre el autor, no obra primaria: lo que aquí se atribuye a Oliver Sacks es lo que el tomo le atribuye. Los traslados al acompañamiento, al liderazgo y a la organización son aplicación propia del Instituto Gnozin, no contenido del tomo. Esta pieza es material de divulgación, no orientación clínica: no diagnostica, no sustituye una consulta profesional y no reemplaza una evaluación de salud mental.
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