Tal vez la persona no está enferma: mira el mundo donde respira
9 de agosto de 2026
9 de agosto de 2026
Llevas meses trabajando con esa persona. Mejora un poco, sostiene unas semanas y recae. Han revisado sus creencias, sus hábitos, su historia. Todo lo que se podía mover por dentro se movió, y sin embargo el malestar vuelve puntual, como si tuviera abono.
Hay un tercero en la conversación que casi nunca entra a la consulta: el lugar donde esa persona pasa sus días. La oficina, el sector, la ciudad, el oficio. Y este material propone tomárselo en serio, no como contexto sino como paciente.
El tomo que la colección Comprende la Psicología dedica a James Hillman presenta su giro desde la psicología del individuo hacia la psicología del mundo. La tesis mayor es de las que se recuerdan: «Nos encontramos frente a tal punto que la psicopatología del individuo es indistinguible de la psicopatología del mundo».
De ahí sale un cambio de destinatario. La nueva psicología «tiene que restituir, no al yo, sino al mundo, una realidad psíquica y contribuir a curar el sufrimiento». Y una advertencia sobre lo que ocurre si no se hace: cuando el sufrimiento se encierra «en un recinto subjetivo y solipsístico», la cura se vuelve un «paliativo temporal destinado brevemente a perder su eficacia».
El tomo empieza el capítulo con una imagen sencilla: cuando actuamos «hay un espectador. Y este espectador es el mundo». Y no exceptúa a la propia disciplina, que «es el espejo del mundo en el que trabaja» y que enfermó de lo mismo que dice tratar: autorreferencia, esnobismo, fijación por la ganancia.
La raíz que el tomo señala es filosófica: el dualismo cartesiano y su división entre res cogitans y res extensa. El reproche está formulado como «el haber creado dos realidades tan diferentes como para parecer opuestas», una física y pública, otra psíquica y privada. Separarlas, dice, «crea más problemas que soluciones».
El saldo es desigual y conocido: «El yo se ha reforzado y, al mismo tiempo, se ha visto privado de un mundo en el que actuar». Los terapeutas reforzaron la subjetividad y el afuera se quedó sin alma.
Como síntoma de época, el tomo hace notar que el vocabulario de la psicopatología ya migró a la economía y a la política: gastos maníacos, mercados paranoicos. El mundo, dice, habla en lenguaje de paciente. El tomo nombra incluso a los responsables filosóficos como «cuatro jinetes del Apocalipsis»: Newton, Locke, Descartes y Kant.
La pregunta que ordena el tema es esta: «¿Y si simplemente no fuese el hombre el que derrama sus patologías en el mundo, sino que fuese el mundo el que derrama su malestar sobre el hombre?».
Aceptada esa perspectiva, cambia el estatuto de lo que nos rodea. «El mundo no es un código que hay que interpretar, sino que es una mirada que mira y pide ser vista». Y la consecuencia se resume en una línea: «Miramos y somos mirados. La "proyección" deja de existir y llega el momento de la "animación"».
El caso que el tomo usa para ilustrarlo es un matrimonio en terapia que no avanza hasta que se admite la entrada del mundo en la realidad psíquica. El giro que lo desbloquea se resume así: «De enemigos a aliados».
La salida que propone el tomo no es teórica sino perceptiva: «volver a los antiguos y aprender a mirar con el corazón», entendiendo el corazón como los griegos y los renacentistas lo entendían, órgano de percepción y de imaginación. Eso exige «una verdadera educación estética, una educación para ver», capaz de pasar del sentido literal de las cosas.
En una época de producción orientada al precio y no a la belleza, el tomo observa que «las cosas llevan su sufrimiento escrito en el rostro».
Y la condición material de todo esto es una sola palabra: ralentizar. «Cuanto más aceleramos, menos cosas observamos». Ver de verdad es tener notitia, cognición por atención: pasar de la lista de beneficios de una cosa a la lista de sus propiedades. El tomo enlaza por etimología estética, ecología y notitia, y lanza una comparación que se queda: cientos de dólares por una hora de subjetivismo, y no más de 19,95 dólares por la silla donde esa reflexión ocurre todos los días.
El diagnóstico de época que cierra el capítulo es coherente con todo lo anterior: «El narcisismo imperante es la consecuencia de un mundo falto de alma».
Lo que sigue es traslado nuestro.
Agrega la tercera pregunta. Cuando un equipo repite el mismo malestar con distintas personas, o cuando dos socios reproducen el mismo conflicto tras cambiar todo lo demás, hay una pregunta que suele faltar: ¿qué malestar del contexto se está descargando sobre esta relación? El sector, la temporada, la ciudad, la cultura de la casa. No sustituye al trabajo con las personas. Impide que sea el único.
La velocidad como variable de dirección. Si «cuanto más aceleramos, menos cosas observamos», entonces la agenda saturada de un empresario no es solo un problema de descanso: es la causa directa de que no vea lo que tiene enfrente en su propio negocio y en su propia gente. Ralentizar deja de ser bienestar y pasa a ser método.
Practica la notitia. Describe propiedades en vez de beneficios: de una persona, de un espacio, de un producto. Cuesta más de lo que parece, porque la mirada utilitaria ya viene puesta. Y aplícalo al entorno material de trabajo, que casi nunca se audita y siempre habla.
Y úsalo como higiene propia. Si la disciplina es el espejo del mundo donde trabaja, quien acompaña respira el mismo aire que diagnostica. Vale revisar cada tanto cuánto de lo que uno llama criterio profesional es simplemente la prisa del sector metida por dentro.
Fuente: Comprende la Psicología (Salvat, 2017; textos de Anna Giardini, Ilaria Baiardini, Barbara Cacciola, Marina Maffoni, Laura Ranzini y Francesca Sicuro), tomo dedicado a James Hillman. Es una obra de divulgación sobre el autor, no obra primaria: lo que aquí se atribuye a James Hillman es lo que el tomo le atribuye. Los traslados al acompañamiento, al liderazgo y a la organización son aplicación propia del Instituto Gnozin, no contenido del tomo. Esta pieza es material de divulgación, no orientación clínica: no diagnostica, no sustituye una consulta profesional y no reemplaza una evaluación de salud mental.
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